miércoles, 30 de octubre de 2013

Dar un paso más

Pasaron 30 años de las elecciones que consagraron a Raúl Alfonsín como el primer presidente electo en la recuperada democracia. El 30 de octubre de 1983 representa para el país, quizás, el hito fundacional de una etapa en la que un sistema de gobierno se afianzó. Más allá de levantamientos militares sofocados, acuerdos que garantizaban amnistías y perdones para los rangos inferiores (derogados en el 2003 durante la presidencia de Néstor Kirchner) y obstáculos que parecieron dificultar las cosas, el consenso general-salvo escasas excepciones a la regla- defendió y sostuvo a la democracia como el régimen de gobierno por excelencia. Nadie discute desde entonces la importancia de tener la posibilidad de votar y elegir representantes en los poderes del Estado, y la posibilidad de manifestarse libremente sin ningún tipo de condicionamiento.  Sin embargo, pasada la década del 80, las expectativas de futuros avances fueron disipándose en el aire. La democracia quedó directamente asociada con la chance de votar y de no ser coartado en la posibilidad de expresarse, y se restringió tan solo a los aspectos mencionados. Los intentos por generar las condiciones para que la igualdad ante la ley sea correspondida con una paridad en las condiciones de vida de las personas, que permitan llevar a la práctica el valor y acorte la brecha social, si no fueron inexistentes, al menos, distaron mucho de ser propósitos prioritarios para el conjunto de la población. El desprestigio de la clase dirigente vía promesas incumplidas, candidaturas testimoniales y enfrentamiento con enemigos de turno polarizaron posturas, enfrentaron entre sí a los ciudadanos y sembraron intolerancia en los últimos años, socavando de a poco postulados básicos del sistema. De a poco la intolerancia y la violencia (física y verbal) fueron ganando terreno y hasta el sufragio se convirtió para algunos un derecho que no tuviera que ser obligatorio (si no opcional). El panorama señalado si bien empieza a ser preocupante, no es un escollo insalvable.
Estamos a tiempo de dar vuelta la página y seguir consolidando el sistema democrático a través de una renovación necesaria. No puede retrasarse más la aplicación de políticas públicas que permitan que los sectores más vulnerables no se vean sometidos a engaños, manipulaciones, o coacciones (puede hacerse una lista de las mencionadas en las elecciones de los últimos años) que le impidan votar a conciencia; y los representantes tienen que retomar la sana costumbre de cumplir con las obligaciones y promesas efectuadas, a fin de ganar- en la tan mermada- credibilidad. De cualquier manera, los replanteos no son solamente necesarios para los funcionarios, insisto. Cada uno de nosotros, desde su lugar tiene que predicar con el ejemplo. De esa manera, habremos dado un paso más. 

jueves, 10 de octubre de 2013

A cuatro años

El 10 de octubre del 2009, a las 6, la Cámara de Senadores aprobó la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Con el voto favorable de 44 integrantes y el rechazo de otros 24, el deseo de distintos sectores de la sociedad se materializaba, al menos, en un documento. El proyecto reglamentado el 1 del mismo mes había iniciado un largo camino desde la presentación de la propuesta en el Teatro Argentino de La Plata hasta la aceptación de la Cámara Alta, la promulgación  y la publicación en el boletín oficial( previo paso del proyecto por Diputados-147 votos a favor, 4 en contra, 1 abstención y 104 ausencias-). La mal llamada “Ley de Medios”  generó un sinfín de malentendidos, informaciones y desinformaciones desde el momento mismo de su concepción, que se fue acrecentando con el paso del tiempo. Rápidamente quedaron expuestos errores de los detractores al incluir a los medios gráficos dentro de un mapeo de holdings (el elaborado por Lanata en su programa dominical es un claro ejemplo), a los que se sumaron noticias a medias como aquella que narraba la asignación de 20 señales de TV sin el correspondiente concurso abierto y plan de adecuación técnica previsto, que según el AFSCA son autorizaciones precarias-no licencias otorgadas- por tiempo limitado que habían quedado pendiente desde que Mariotto estaba en el cargo.  Sin embargo, los cuestionamientos de medios opositores están bien orientados en otros puntos. El Gobierno dejó al desnudo las falencias del articulado legal al desconocer cuestiones técnicas (por no consultar a expertos en telecomunicaciones), y al no poner con otras empresas mediáticas el mismo empeño encarado contra Clarín en su lucha por evitar transgresiones al texto. Una nota del periodista José Crettaz, publicada el 7 de diciembre en el diario La Nación (“La Ley de Medios, un desafío para los grandes grupos”), repasa los particulares casos de desviaciones a la normativa. Sea por ignorancia o despreocupación de las autoridades (por ejemplo, no estar al tanto que en un mismo canal pueden caber cinco señales digitales o que la fibra óptica que comparten la TV por cable e Internet son la misma) o por conveniencia mutua, distintos conglomerados mediáticos pudieron sacar ventaja temporal (tuvieron que adecuarse) o definitiva hasta el momento.

independientemente de las diferentes posturas que uno pueda asumir en referencia al tema y más allá de los incipientes avances de La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual( que infográficamente nos cuenta  hoy Tiempo Argentino en su edición ) en su noble objetivo de democratizar el acceso a los medios de comunicación y eliminar los monopolios, nada podrá hacerse hasta tanto no se reglamente el plan técnico de distribución del espectro radiofónico, mientras no se corrijan las cuestiones técnicas o se vele por el total cumplimiento de la normativa. Se podrían nombrar varios aspectos más atinentes al respeto de los derechos del niño, el tiempo designado a publicidades, el Fútbol para Todos, el nombramiento del director faltante de un director del AFSCA, la no constitución del Consejo Honorario Consultivo de los Medios Públicos y tópicos afines escasa o nulamente atendidos por el Gobierno…pero si aunque sea se logra ir más allá de la lucha contra un multimedio y hay un convencimiento sincero sobre la importancia del articulado, se habrá ganado mucho y quizás todo.