sábado, 15 de junio de 2013

Un mensaje i-real

La hija del empresario más acaudalado de la ciudad-así cuentan- te ha enviado un mensaje a ti, al que pasa desapercibido, a un sencillo y modesto empleado, a un hombre del montón que, insignificante ante la reverberante presencia de la hermosa doncella, se ha refugiado en lo más profundo de un ser con sus lejanos anhelos, justamente a ti te ha enviado la hija del empresario un mensaje.
Mandó a llamar al chofer de la limusina de su padre, y le susurró la oído el mensaje; tanta importancia le otorgaba que se lo hizo repetir al oído. Asintiendo con la cabeza, confirmó la exactitud de lo dicho, y, previamente a que el conductor emprendiera el viaje, le hizo jurar que no le diría nada al resto de los familiares y que haría hasta lo imposible porque ese recado llegara a destino. 
El mensajero se puso inmediatamente en camino. Un hombre cumplidor, fiel servidor incansable. Luego de encender el vehículo se dirige a la dirección señalada. Cuando el sendero le ofrece resistencia, saca pecho y busca- como un buen baqueano- al atajo conveniente. Adelanta muy fácilmente, como ningún otro podría hacerlo; ¡pero la calzada está tan poco cuidada!, sus pozos no terminan nunca. Si tuviera vía libre, ¡cómo volaría!, y pronto oirías el magnífico golpear de sus puños en tu puerta. Pero en lugar de eso, ¡cuán inútilmente se esfuerza! Todavía se está abriendo paso entre una prolongada hilera de automóviles que lo preceden, jamás logrará superarla a tiempo (para volver temprano a la mansión y no generar sospechas), y si lo logra nada se habría ganado con eso; tendría que superar la fila siguiente y la subsiguiente, y así durante horas. y si finalmente pudiera llegar en tiempo récord- pero nunca, jamás podría ocurrir esto- apenas si todavía tendría ante sí el barrio en el que te encuentras, en plena periferia, donde una limousine como esa sería fácilmente reconocida. Nadie dudaría de su procedencia, y menos aún con las particularidades que presenta el vehículo del extravagante millonario.
Pero tu estás sentado frente a tu ventana, y te lo sueñas cuando cae la tarde. 

* Parafraseo del cuento  Un mensaje imperial de Franz Kafka. 


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