jueves, 30 de mayo de 2013

Un abrazo eterno

¿Habrá sido producto del azar?, ¿un intento desesperado de protección o rescate?, ¿un gesto de resignación frente a lo inevitable? Pueden tejerse miles de hipótesis difícilmente corroborables. La imagen muestra a un hombre ciñendo la zona lumbar de una mujer. Posa su cabeza en los pechos de ella. Es morocho, viste camisa celeste y las facciones de su cara están visibles y cubiertas de polvillo. De los ojos se desprende un hilo de sangre que cae en forma de lágrima. Quizás mañana se funda con la tierra roja de algún templo histórico o se refleje en el arrebol del alba. Ella, en cambio, luce una remera rosa (o roja estampada) y una pulsera dorada. El brazo derecho está levemente abierto (en forma de V) y el resto de su figura está oculta bajo los escombros. A ninguno se le ven las extremidades inferiores. La escena se completa con una tela celeste con lunares marrones (secundadas por otras de color rosa y naranja),  bloques de cemento, ladrillos y varas metálicas esparcidas encima y alrededor de los cuerpos de las víctimas. Ruge el Tigre de Bengala…

Habían pasado doce horas del derrumbe del complejo Rana Plaza, un edificio ubicado en la periferia de Dacca, capital de Bangladesh. El inmueble albergaba a cinco manufactureras textiles que confeccionaban ropa para marcas internacionales. Se calcula que alrededor de 40000 trabajadores estaban dentro al momento del desmoronamiento. Murieron 1128 y 2458 resultaron heridos. Afirman los sobrevivientes que el día anterior al infausto suceso (el 23 de abril) se detectaron grietas en las 8 plantas del edificio. Dicen también que el dueño habría sido advertido de la situación y que, a pesar de advertencias de posibles derrumbes, conminaría a sus empleados a ir a cumplir con sus labores.  Lo cierto es que a las 2 de la mañana del sábado 25 de abril, 12 horas más tarde de producido el desplome, tras un incesante movimiento de rescatistas y familiares de las víctimas, entre las ruinas apareció un hombre y una mujer de identidad desconocida. Taslima Akhter capturó la escena a través de su cámara. La fotógrafa bangladesí  manifestó en el portal Time LightBox que cuando los vio no podía creerlo. Los sentía cercanos como quien conoce a alguien de toda la vida. Dijo también que la ternura de lo que estaba presenciando se elevaba por encima de los escombros para tocarnos donde somos más vulnerables. Finalmente, la activista agregó: Esta foto me está rondando todo el tiempo. Si los responsables no reciben el más alto nivel de la pena, vamos a ver este tipo de tragedia otra vez. No habrá alivio de estos sentimientos horribles.  He sentido una tremenda presión durante las últimas dos semanas, rodeada de cadáveres. Como testimonio de esta crueldad, siento la necesidad de compartir el dolor con todo el mundo. Es por eso que quiero que esta foto sea vista”.  A poco de ser publicada, los medios de comunicación dieron respuesta al pedido y la imagen se reprodujo de manera viral por las distintas redes sociales. Fue bautizada por su autora como “El abrazo de la muerte”. Una muestra de afecto o de amor que nos proporciona seguridad, cuidado, consuelo, conexión con lo demás, expresión emocional no verbal (comunicación sin palabras), entre tantos significados variopintos que los entendidos le adjudican, hizo que muchos nos preguntásemos si era la indicada para relacionarla con la fatalidad. Si en la tibieza de dos cuerpos enlazados –acaso en la eternidad- no existe la fuerza necesaria para superar la gelidez terrenal de dos cuerpos que yacen unidos por eventualidad o convicción. Dicen que se necesitan  cuatro abrazos diarios para sobrevivir. Me pregunto cuántos podrán darse en 24 horas… ¿y si el mismo nos mantiene unidos atemporalmente? Frente a la aciaga circunstancia, elijo la fuerza emotiva y vital de un abrazo eterno.  

2 comentarios:

  1. Qué increíble historia!.
    Gracias por compartirla :)

    ResponderEliminar
  2. Gracias por el comentario y por la participación. Que tengas un excelente día Flor. Saludos.

    ResponderEliminar